Asociación Rural del Paraguay

El porvenir de la patria está en el campo

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Invasores dominan conocimientos que bien podrían utilizar en tierras legales

Prefieren legitimar un despojo y burlarse de las leyes e instituciones de la República, que nada hacen para impedirlo.

MARIANO ROQUE ALONSO, (ARP)-- Los usurpadores del establecimiento Pindó, en el departamento de Canindeyú, manejan técnicas y conocimientos que muchos habitantes de colonias y asentamientos envidiarían.

Ellos saben cómo construir caminos y puentes en la espesura de los bosques, con herramientas precarias, para traficar con los rollos y carne robada. También conocen el sistema de construcción de pozos de agua, baños, viviendas con sus respectivas dependencias, escuelas, gallineros.

También han aprendido a apoderarse de energía de la ANDE y realizar sin contratiempos ni riesgo de error una conexión eléctrica clandestina.

Los invasores cuentan también con abundante conocimiento acerca de técnicas de cultivos agrícolas. Saben qué, cuándo, dónde y cómo plantar, cuidar, cosechar y conservar rubros de alimentación casera.

Padres de familia y niños se empeñan a diario en actividades variadas para consolidar el núcleo familiar y el entorno, en una práctica rígida administrada por el líder de la invasión, Ceferino Ruiz.

Todo esto pueden hacerlo con el mismo rigor y perseverancia en sus propias tierras, pero se niegan a hacerlo. Prefieren sacar provecho de la propiedad privada, sacar todos los beneficios que puedan, generar ganancias espurias, dejarla devastada y buscar después otras tierras ajenas para poner en práctica el mismo esquema de violencia y dominio por la fuerza ante la ausencia del Estado y la inacción cómplice de las instituciones.

Los victimizados “sin tierra”, mimados de políticos igualmente malhechores, antipatriotas, insensibles y anestesiados por los intereses creados, se niegan a aceptar las tierras ofrecidas por el Indert. Ellos exigen montes para depredar, espacio para cultivar marihuana y estancias cercanas para aprovisionarse de carne por la vía del abigeato.

Las leyes de la República y la justicia son artículos de lujo en Pindó, donde se ha erigido un Estado dentro de otro Estado, mientras las instituciones miran para otro lado.

El infortunio de Pindó apenas ha trascendido los límites de la propiedad privada.

Acciones concertadas de la fraternidad imperante en el lugar lograron convencer a parlamentarios y políticos de la zona acerca de la importancia de expropiar o adquirir el “Asentamiento 1º de Marzo”, a sabiendas de que se trata de territorio protegido por leyes ambientales.

Esto, sin embargo, poco o nada importa al poder político -que según las evidencias no tiene siquiera un ápice de legalismo y amor por el cargo que sus actores juraron honrar con patriotismo- para oponerse con la fuerza de la ley, la razón y el sentido común a legalizar un despojo.

De esta manera, todo está listo para consumarse un saqueo criminal y hacer vito con la Constitución Nacional, que consagra el respeto a la propiedad privada, la vida de las personas y el orden jurídico a través de la obediencia a las leyes de la República.